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Diabetes y visión

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    Se estima que 24 millones de estadounidenses son diabéticos actualmente y se espera que el número crezca al menos un cinco % anualmente en los próximos años.


    Una de las complicaciones crónicas de esta enfermedad puede ser la pérdida de la visión o ceguera.

    Por eso, la Asociación Americana de Oftalmología le sugiere a quienes puedan están en riesgo de tener diabetes o que ya sean diabéticos a que vean a su oftalmólogo y médico de cabecera.

    Cuanto antes se detecta la diabetes y se comienzan los cambios apropiados en el estilo de vida y un tratamiento, mejores son las posibilidades de evitar la pérdida de la visión y otras consecuencias en la salud.
    Según varios estudios recientes, los estadounidenses de origen hispano están especialmente en riesgo de contraer diabetes y los problemas relacionados con la visión, pero la mayoría no sabe sobre esta alta susceptibilidad.

    En Estados Unidos, un tercio de las personas afectadas no saben que tienen diabetes. Algunos se enteran cuando su oftalmólogo nota cambios en su retina durante un examen de dilatación de pupilas.

    Entre los hispanoamericanos mayores de 40 años, uno de cada cinco es diabético y casi la mitad de este grupo tiene retinopatía diabética, que se caracteriza por cambios en los vasos sanguíneos de la retina del ojo y en el área del nervio óptico. La retinopatía diabética es la causa principal de pérdida de la visión y ceguera en este grupo étnico. Los estudios muestran que muchos no reciben el monitoreo y tratamiento que necesitan debido a obstáculos, que incluye la falta de seguro médico y barreras de lenguaje.

    Los tratamientos efectivos, que incluyen los exámenes oculares anuales, pueden reducir la pérdida severa de la visión en los diabéticos en hasta un 94 %.

    La diabetes tipo 2 es mucho más común que la tipo 1; ambas pueden afectar la salud ocular. Casi 5.5 millones de estadounidenses de 18 años y mayores tienen retinopatía diabética.

    Además de controlar el azúcar en la sangre, las personas con diabetes deben controlar su presión arterial, ya que ambas son importantes para disminuir el desarrollo de la retinopatía diabética.

    Los diabéticos también son más propensos a desarrollar glaucoma, una enfermedad compleja que daña el nervio óptico, que transmite las imágenes del ojo al cerebro.
    La Academia recomienda que las personas con diabetes tipo 2 vean a un oftalmólogo al ser diagnosticados y luego anualmente.

    Los que tienen diabetes tipo 1 deberán ver a un oftalmólogo dentro de los cinco años del diagnóstico y luego anualmente.

    Las mujeres que tienen cualquier tipo de diabetes deberán ver a un oftalmólogo antes de quedar embarazadas o ni bien comienza el primer trimestre.

    Además, la Academia ahora recomienda que los adultos sin signos o factores de riesgo de contraer enfermedades oculares, se realicen un monitoreo básico de enfermedades oculares a los 40 años, cuando las primeras señales de la enfermedad y los cambios en la visión pueden comenzar a ocurrir. Basado en los resultados del monitoreo inicial, el oftalmólogo prescribirá los intervalos necesarios para los exámenes de control.

    En las etapas iniciales, las personas con retinopatía diabética pueden no notar que su visión está cambiando. A veces los diabéticos experimentan cambios rápidos en su azúcar sanguíneo que pueden causar visión borrosa temporaria aún cuando la retinopatía no está presente. Si una persona nota algunas manchas o puntos flotando en su campo visual, esto significa que ha desarrollado retinopatía diabética en forma proliferativa, que es el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos anormales en la retina y el nervio óptico. Los niveles altos de azúcar en la sangre se han relacionado en los estudios con las anormalidades de los vasos sanguíneos retinales. La visión borrosa puede ocurrir cuando la mácula, el área pequeña en el centro de la retina se inflama al llenarse con fluido que se desprende de los vasos sanguíneos de la retina. Debido a que el daño causado en el ojo se desarrolla lentamente, la detección temprana de la diabetes y el control de azúcar en la sangre mediante dieta y medicaciones pueden hacer una diferencia crucial para salvar la visión.

    Los tratamientos efectivos para la retinopatía diabética incluyen la fotocoagulación por láser para las etapas iniciales y moderadas y una microcirugía llamada vitrectomía que repara los ojos muy dañados. En la actualidad, las medicaciones inyectables y orales que actúan sobre los vasos sanguíneos anormales para controlar la retinopatía diabética antes de la pérdida de la visión, se encuentran en desarrollo. Además, la detección temprana haría la diferencia en la efectividad de estos tratamientos.

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